Entre las tareas más complejas que tiene la humanidad para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas al 2030, están erradicar el hambre, la pobreza y la inequidad de género en el ámbito laboral, (Organización de las Naciones Unidas, 2019). América Latina, a pesar de ser una de las regiones más afectadas por estos aspectos, posee paisajes excepcionales, y una gran biodiversidad y pluriculturalidad. (Comisión Económica para América Latina y el Caribe, 2018). Sin embargo los territorios andinos de Perú, Bolivia, Ecuador y Argentina constituyen el espacio geográfico con extraordinaria capacidad productiva de alimentos nativos (Balbin Ordaya, 2014, p. 33), que debido a su alta calidad nutricional y bondades terapéuticas, se los denomina nutraceúticos. (Balbin Ordaya, 2014, p. 28).
Dentro de todos los cultivos de la región Andina, la quinua Chenopodium quinoa[1], es uno de estos alimentos nativos, denominado grano de oro, por todas las diversas propiedades nutritivas que posee. (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, 2012). Si a ello le sumamos la revalorización del territorio rural y la presencia de proyectos e iniciativas comunitarias que promueven el empoderamiento de las mujeres como principales líderes del cultivo y su procesamiento, la quinua constituye una opción saludable, económicamente viable y una de las oportunidades que tienen los pueblos andinos para generar ganancias, reducir la pobreza, erradicar el hambre y contribuir a promover la equidad de género en el trabajo rural, subestimado en la región.
[1] Nombre científico de la Quinua.