<p>La historia de la proteína verde fluorescente (GFP) se inicia con Osamu Shimomura a principios de la década de 1960, con su descubrimiento de esta proteína a partir de extractos de la medusa <em>Aequorea victoria</em>. Sin embargo, es a principios de la década de 1990 que el neurobiólogo Martin Chalfie, aplicando técnicas de ingeniería genética, logra por primera vez la expresión heteróloga de la GFP en procariotas (<em>Escherichia coli</em>) y eucariotas (<em>Caernohabditis elegans</em>), a partir de un clon del gen de la medusa que codifica a la GFP, preparado por Douglas Prasher.</p> <p>Además de fluorescer en verde, los resultados de este trabajo también demostraron que no se requiere ningún cofactor o enzima de la medusa para su expresión o para la formación misma del fluoróforo. Asimismo, Chalfie propuso que la GFP podría utilizarse para el marcaje de células en anima- les vivos o para el etiquetado de proteínas.</p> <p>Los resultados de Chalfie dispararon las investiga- ciones sobre esta proteína y en la actualidad se usa en diversos campos, tales como la biotecnología, la biología del desarrollo, la química ambiental y la medicina. En la medicina está ayudando a dilucidar los mecanismos celulares por los que se producen muchas enfermedades. A Roger Tsien se le debe, entre otros aportes, la creación de diversas mutan- tes de la GFP.</p>