scholarly journals Positivismo y Positivismo Jurídico

2020 ◽  
Vol 11 (1) ◽  
pp. 107-117
Author(s):  
David Mercado-Pérez

El Positivismo nace en la segunda mitad del siglo XIX, pero sus raíces son más profundas como para considerar que COMTE es su aislado creador. En realidad, el postulado consistente en considerar solo como ciencias a las naturales o a las que pueden usar sus métodos, es anterior a la doctrina comtiana. Se estima que nació en el entorno cultural que dio origen esa gran escuela de la burguesía industrial francesa “La Ecole Polytechnique” de París. Dicha escuela generaría una atmósfera de “secularización” y “optimismo” científico basados en el agnosticismo y el libre pensamiento (“no necesité de Dios para que mis ecuaciones cuadrasen” Laplace”). La Ecole se creó en 1794, durante la revolución, por el general y físico LAZARE N. CARNOT y el gran matemático GASPARD MONGE con el fin de capacitar a quienes habrían de dirigir el estado nacido de la revolución. La palabra “POSITIVISMO” como tal, la usa por vez primera SAINT SIMON, en la expresión “FILOSOFÍA POSITIVA” con la cual se refería al periodo que seguía a la post – revolución de 1789 obligada a tener su propia “FILOSOFÍA” de la razón. El positivismo necesitó de una lógica para soportar racionalmente sus enunciados y COMTE y sus seguidores la encontraron en ese monumento del pensamiento humano que es el “SYSTEM OF LOGIC” de JOHN STUART MILL. Con MILL, sucede algo clave, los hechos experimentales tan caros a los positivistas pierden prácticamente su corporeidad inicial cuando la mente humana elabora conceptos para convertirse a la vez en empirismo humano mental, es decir, en estados de la conciencia o percepciones de la conciencia (lo subjetivo volcándose al mundo); por esto, los “juicios universales” de la lógica griega tradicional fueron declarados sin valor y sólo son válidos los que inductivamente se construyen a partir de observaciones particulares.

2017 ◽  
Vol 52 (1) ◽  
pp. 9-33
Author(s):  
María Pollitzer
Keyword(s):  

El objetivo del artículo es identificar y precisar los argumentos con los cuales John Stuart Mill construye su crítica a la pedantocracia, entendida como uno de los rostros con los cuales se presenta el despotismo en las sociedades «modernas» y «civilizadas». El término pedantocracia fue acuñado por Mill a comienzos de la década de 1840 para referirse a un peligro que, en su opinión, pocos percibían. Como ocurre con otras ideas-eje de su pensamiento, su reflexión sobre esta problemática se articula en torno al diálogo mantenido con pensadores provenientes del liberalismo continental (Tocqueville), del socialismo saint simoniano (d’Eichthal y Duveyrier), del positivismo (Comte) y de las filas románticas inglesas (Coleridge). Asimismo, es reflejo de su recepción de las obras de Platón y del renovado interés que suscitó la democracia ateniense a mediados del siglo XIX gracias a las obras de G. Grote.


Acheronta ◽  
2017 ◽  
pp. 78
Author(s):  
Lucas Kruzolek

<p>En el utilitarismo inglés de John Stuart Mill y en el positivismo de Auguste Comte pueden encontrarse, en líneas generales, dos de las posiciones filosóficas más cercanas del siglo XIX. El ánimo científico y la ilusión de un progreso social de la mano del desarrollo de las ciencias atraviesan y animan desde el interior la totalidad de sus proyectos. Sin embargo, al interior de sus posiciones epistemológicas persisten distancias insalvables. Lógico uno y matemático el otro, el eje medular de sus diferencias será la determinación del lugar de sus disciplinas nativas en relación al sistema jerárquico de las ciencias. El solapamiento conflictivo entre instrumentos lógicos y matemáticos a la hora de configurar un método científico hace eco, a su vez, de desencuentros más profundos que conectan sus posiciones a la historia más general de las discusiones y de los solapamientos conflictivos de tradiciones epistemológicas enteras.</p><p> </p>


1999 ◽  
Vol 1 (2) ◽  
pp. 195-205 ◽  
Author(s):  
Michael Molnar

Freud's translation of J.S. Mill involved an encounter with the traditions of British empirical philosophy and associationist psychology, both of which go back to Locke and Hume. The translation of Mill's essay on Plato also brought Freud into contact with the philosophical controversy between the advocates of intuition and faith and the advocates of perception and reason. A comparison of source and translated texts demonstrates Freud's faithfulness to his author. A few significant deviations may be connected with Freud's ambiguous attitude to women's rights, as advocated in the essay The Enfranchisement of Women. Stylistically Freud had nothing to learn from Mill. His model in English was Macaulay, whom he was also reading at this period.


2011 ◽  
Vol 1 (1) ◽  
pp. 36-50 ◽  
Author(s):  
Dinah Birch

The contested values associated with the term ‘Victorian’ call for fresh and informed consideration in the light of far-reaching changes brought about by the global economic downturn. Victorian writers engaged with public questions that were often associated with the issues we must now address, and their vigorously contentious responses reflect a drive to influence a wide audience with their ideas. Fiction of the period, including the sensation novels of the 1860s, provide telling examples of these developments in mid-Victorian writing; but non-fictional texts, including those of the philosopher and political economist John Stuart Mill and the critic John Ruskin, also question the foundations of social thought. As they challenged traditional genre boundaries through the innovative forms that emerged across a range of diverse works, many Victorian authors argued for closer links between the discourses of emotion and those of logic. These are difficult times for researchers and critics, but the stringencies we find ourselves confronting can provide opportunities to create connections of the kind that the Victorians chose to make, bringing together different genres of writing and disciplines of thought, and arguing for a more generous understanding of our responsibilities towards each other.


2019 ◽  
Vol 35 (3) ◽  
pp. 327-351
Author(s):  
Omar Velasco Herrera

Durante la primera mitad del siglo xix, las necesidades presupuestales del erario mexicano obligaron al gobierno a recurrir al endeudamiento y al arrendamiento de algunas de las casas de moneda más importantes del país. Este artículo examina las condiciones políticas y económicas que hicieron posible el relevo del capital británico por el estadounidense—en estricto sentido, californiano—como arrendatario de la Casa de Moneda de México en 1857. Asimismo, explora el desarrollo empresarial de Juan Temple para explicar la coyuntura política que hizo posible su llegada, y la de sus descendientes, a la administración de la ceca de la capital mexicana. During the first half of the nineteenth century, the budgetary needs of the Mexican treasury forced the government to resort to borrowing and leasing some of the most important mints in the country. This article examines the political and economic conditions that allowed for the replacement of British capital by United States capital—specifically, Californian—as the lessee of the Mexican National Mint in 1857. It also explores the development of Juan Temple’s entrepreneurship to explain the political circumstances that facilitated his admission, and that of his descendants, into the administration of the National Mint in Mexico City.


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