Elizaveta, Leni y Agnès: tres mujeres que cambiaron el cine
Los relatos canónicos han invisibilizado el trabajo de las mujeres en el séptimo arte, eclipsándolas con figuras masculinas. Sin embargo, la relectura de sus películas las han convertido en parte de la historia y teoría del cine. Escaparemos al relato instituyente de las películas dirigidas por directores hombres, haciendo foco en cómo el género y la “cuestión de la mujer” se constituyeron para el cine soviético, alemán y francés, y su diferencia con los modelos clásicos de Hollywood y sus representaciones de princesas necesitadas de ser rescatadas o desencantadas por medio de besos no consentidos. Creemos que la influencia femenina, poderosa, vibrante, creativa -a veces controvertida-, no es un fenómeno de los últimos años. Queremos traer a este escrito el aporte al género cinematográfico de Elizaveta Svilova montajista y gestora del Cine-Ojo; la figura de Leni Riefenstahl, que si bien su asociación con el expresionismo alemán no parezca del todo directa proviene del mismo contexto; y la obra de Agnès Varda la dama de la Nouvelle Vague. Tres mujeres imprescindibles, que han forjado un sello propio y que le han hecho saber al mundo que las mujeres miramos, contamos, experimentamos, podemos crear obras de arte y monstruos. La elección de estas tres mujeres no es baladí. Elizaveta Svilova es probablemente la editora más conocida que ha trabajado en la URSS, y sin embargo, su nombre apenas se menciona en la mayoría de las fuentes habituales de la historia del cine soviético. Montajista del “El hombre de la cámara” (1929) es la hacedora de la técnica y la poesía del film. Por medio de ella accedemos al material en bruto y las posibilidades de manipulación donde se ensamblan y “organizan” los registros filmados, los efectos especiales y trucas, fundidos, sobreimpresiones, imágenes congeladas, aceleración, pantallas partidas, diversos ritmos e intercalaciones, con efectos que no son azarosos, están cargados de sentido y son, en definitiva, el método de la película. Un poco por fuera del movimiento del expresionismo alemán, pero igualmente necesaria de ser referida por su cercanía temporal, está la polémica Leni Riefenstahl. Antes de dirigir, protagonizó varios films “de montaña”, todo un subgénero del cine alemán de los años ’20. Gubern describe estas películas como “un canto prometeico a los héroes que se atrevían a conquistar las cimas, con resonancias entre paganas y fascistas” (Gubern, 1973 citado por Kairuz, 2009). “El triunfo de la voluntad” (1935) de Riefenstahl ya como directora, es una obra asombrosa de proporciones épicas (“wagnerianas”). Los estudios actuales sobre los filmes de Agnès Varda realizados en Francia no hacen hincapié en cuestiones de género, “la autora es estudiada como cinéaste más que como directora feminista” (Lee, 2008 citado por Vallejo, 2010). Su lenguaje de vanguardia y experimentación estética ofrecen otra forma de mirar y representar a la mujer.